Confesiones al Taxista/Difícil volver a enamorarse Segunda parte

Usted ha sido muy fuerte, ha salido adelante con sus hijos y no se deje vencer por esto que no vale la pena…le dije tratando de consolarla.
En silencio estacioné el taxi a un lado del edificio para permitir que Silvia se desahogara, sin que nadie más la viera, ni siquiera los vecinos para evitar murmuraciones.
“Ay qué pena que me vea usted llorando”,  dijo mientras se secaba las lagrimas con una pañuelito que había sacado de su bolso de mano.
Silvia es una madre soltera de unos 38 a  años de edad, tiene 3 hijos, 2 ya adolescentes mujeres y un niño, ella vivía en Chicago y un día  no soportó mas los maltratos de su esposo al que decidió abandonar.
Empacó  unas cuantas cosas, agarró a sus hijos y se vino a vivir a Waukegan, una ciudad desconocida para ella, al poco tiempo la camioneta  que  manejaba se le descompuso y ahí quedó abandonada en el estacionamiento del edificio donde vive, la reparación era muy costosa,  empezó a trabajar en un restaurante de comida rápida donde debido a su experiencia empezó  escalar posiciones rápidamente.
“Conocí a Benjamín en mi trabajo, el es de Texas, había venido  a visitar a sus familiares a quienes no había visto por muchos años, usaba un sombrero texano, pantalones de mezclilla, botas y saco.
Iba siempre muy bien vestido, con un bigote  como de “Pancho” Villa, me impresionaba su corpulencia, nos caímos bien y a los pocos días con varios ramos de flores y muchas palabras bonitas acepté sus propuestas de salir juntos, una semana después me propuso matrimonio.
Benjamín tuvo que regresar a Texas a arreglar unas cosas  pero de inmediato iniciamos los planes para la boda civil y paralelamente iniciamos los preparativos para la fiesta, se enviaron las invitaciones, se rentó el salón para la recepción,  los arreglos del salón, se ordenó la comida, la música  y los gastos los pagamos entre los dos, había prisa por casarnos.

La boda ficticia
Pero como a veces lo que se hace de prisa, no falta que cosa salga mal, para el día de la boda civil no estaban todos los papeles listos y no había forma de decirles a los invitados que se cancelaría la boda, así platicamos y acordamos que nos casaríamos unos días después y decidimos continuar con el  evento.
Los invitados llegaron al lugar de la recepción pensando que todo estaba bien y no nos quedó más remedio que poner una cara de felicidad ante ellos.
Pero no pasaron  muchos días para que Benjamín empezara a sacar a relucir “el cobre”, a medida que pasaban los días poco a poco se le fue acabando la amabilidad, se mostraba tosco, constantemente enojado, todo le parecía mal, me gritaba por cualquier cosa, cuando le mencioné lo de casarnos por los civil se enojó mucho mas, se puso histérico y empezó a romper cosas. 
Dejé que se calmara y hablé con él directamente y llegamos a la conclusión que se iría de mi vida y de la vida de mis hijos, esa misma tarde  empacó lo poco que tenía y se fue a Texas, ahora vivo tranquila.
No sé cómo me dejé llevar por la ilusión de tener un hombre a mi lado, Benjamín de un modo u otro consiguió lo que quería, después se mostró tal y como es, ahora he llegado a la conclusión que eso de buscar una pareja  me va a tomar tiempo, porque no puedo estar metiendo a uno y a otro hombre a mi casa, necesito ver primero por el bienestar mío y de mis hijos”, concluyó la mujer, que dio un suspiro de tranquilidad al dejar salir aquello que la agobiaba.
Ya más tranquila  Silvia se despidió agradeciendo por permitirle desahogarse y se encaminó a toda prisa hacia su departamento donde la esperaba su familia.